Un hombre joven se miraba en el
espejo. Llevó una de sus manos a la cabeza. Mierda,
jodida resaca, no me acuerdo de nada… pensó. Sus ojos estaban enrojecidos e
intentó contemplarlos durante un rato, primero el izquierdo, luego el derecho.
Había perdido la cuenta de las veces que había remojado su rostro con agua,
volvió a hacerlo. Nada conseguía quitarle ese dolor penetrante y molesto. Por
un momento dejó de contemplarse en el espejo, abrió el pequeño armario y buscó
entre las desordenadas lejas alguna ayuda. Insatisfecho, cerró de
golpe la puertecilla, volviendo a contemplarse en el espejo.
Con actitud felina, alguien se aproximaba
a él, sin hacer el menor ruido. Unos descalzos y femeninos pies andaban por un
cuarto terriblemente desordenado, como si un terremoto hubiera pasado por toda
la casa. Esquivaba grácilmente la ropa por el suelo y cualquier objeto que
le saliese al paso.
Algo llamó la atención del joven,
al lado de su reflejo se formó la figura de una mujer que se aproximaba. Sonrió
al recordarla, estaba completamente desnuda y eso le hizo sonreír aún más.
Ambos cruzaron las miradas en el espejo, ella también sonreía, con sus labios carmesí. No se paró al
cruzar la puerta del baño y se aproximó al joven por detrás, hasta que sus pieles se
rozaron. Las manos de ella agarraron la varonil y desnuda cintura de él,
apoyó su barbilla en el hombro para suavemente gemir mientras cerraba sus ojos.
- Vuelve a la cama – dijo ella sin abrir los ojos.
Ahora fue él quien los cerró. Aspiró profundamente su aroma, leves recuerdos acudieron a su mente, agradables, cálidos, empezaba a recordar y el calor comenzaba a recorrer todo su cuerpo.
- Vuelve a la cama – dijo ella sin abrir los ojos.
Ahora fue él quien los cerró. Aspiró profundamente su aroma, leves recuerdos acudieron a su mente, agradables, cálidos, empezaba a recordar y el calor comenzaba a recorrer todo su cuerpo.
La joven abrió los ojos, pero ya
no eran ojos humanos, su pupila recordaba a la de un felino, sonrió y mostró
unos colmillos afilados y más largos de lo normal… El joven seguía con los ojos
cerrados, excitándose, alterándose, turbado...
Lentamente, la inhumana joven llevó sus manos, sin dejar de rozar la piel desnuda de él, hasta la cabeza y le acarició suavemente el cabello, para acabar ladeándole ligeramente la cabeza. El joven seguía con los ojos cerrados, como en un hechizado sueño. Ella comenzó a besar su cuello hasta que lo hizo gemir, satisfecha, mostró sus afilados colmillos y con un rápido movimiento le mordió el cuello…
Lentamente, la inhumana joven llevó sus manos, sin dejar de rozar la piel desnuda de él, hasta la cabeza y le acarició suavemente el cabello, para acabar ladeándole ligeramente la cabeza. El joven seguía con los ojos cerrados, como en un hechizado sueño. Ella comenzó a besar su cuello hasta que lo hizo gemir, satisfecha, mostró sus afilados colmillos y con un rápido movimiento le mordió el cuello…
El joven seguía gimiendo.

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