... hacía frío, estaba oscuro y fuertes corrientes de aire hacían inestable el lugar. Ruido, fuerte y tenebroso. Una azulada luz alumbró la oscuridad del cielo, un relámpago. El tenebroso y fuerte sonido volvió a sonar... un trueno... El lugar era cada vez más inestable... momentos de inmensa luz se mezclaban con momentos de la más absoluta oscuridad.
¿Pasó un segundo? ¿Unos minutos? ¿Unas horas? Nunca lo sabremos... una fina y pequeña gota caía, atraída por la fuerte fuerza de la gravedad. Atrás dejó enormes y oscuros nubarrones, sin embargo, la luz azulada de los relámpagos seguía iluminando su camino hacia su fatal desenlace. Allá abajo estaba el duro suelo, cada vez más cerca, los árboles, los tejados de las casas... todo se hacía más y más grande. Sin embargo, la sensación de volar, la sensación de libertad... el suelo no importaba. Más pronto que tarde el desenlace llegó, sin embargo fue algo inesperado. La gota chocó con el hombro de una mujer... una vez descompuesta en minúsculas gotitas, la mayor de ellas comenzó un nuevo viaje... calló por su hombro... sintiendo la piel... llegó hasta la cintura... gratificantes y generosas curvas hacían del tramo final un viaje perfecto, atractivo... Una enorme colina salió a su encuentro... le costó sortearla pero finalmente ganó velocidad bajando un cachete del trasero... nuevas curvas le salieron al paso.
Final y lentamente, la gota de agua, o lo que quedaba de ella al perderse la mayor parte por el camino... llegó al tobillo... y con una enorme e indescriptible satisfacción cayó al suelo... filtrándose, evaporándose... muriendo...
Somos gotas de agua... tal vez con un poco más de vida, hagamos lo que ellas, disfrutemos de lo que salga a nuestro encuentro. Disfrutemos de nuestro viaje.

Hola, querido amigo Jesús----
ResponderEliminarHola mi querida y primera admiradora.
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